jueves, 19 de enero de 2012

Opiniones sobre El Salmón

El año pasado, con motivo de los diez años de El Salmón, entrevisté a varios músicos para que opinaran sobre la importancia del disco en sus vidas. Aquí recupero algunas de aquellas declaraciones que permanecían inéditas.


Por Manuel Moretti (Estelares)


Con Andrés Calamaro nos conocimos en abril de 2001, cuando él participó en Ardimos, nuestro tercer disco. No sé qué fantasmas lo abran atrapado que lo dejaron encerrado en su casa para hacer todas esas grabaciones. En esos años me acuerdo que él llegaba a su casa y lo primero que hacía era prender la porta estudio para seguir grabando. El Salmón es un disco que quiero mucho por la semejante entrega de Andrés. Un poco sé y otro poco intuyo lo que le costó, cómo estaba en ese momento y de la manera en cómo se entregó a todas esas canciones. Es un disco que me conmueve, que lo congratulo, lo abrazo. Y celebro que también haya terminado de transitar por esa época; que para él fue muy cruenta y tan prolífica a la vez. Tiene canciones preciosas y otras que son fotografías del momento: tremendas chifladuras. Es un disco que admiro y respeto. Y le agradezco a Calamaro que le haya puesto el cuerpo. Hay cosas que no se eligen, esto le pasó. Fue atravesado por fantasmas exclusivos de él, fue arrasado por la tormenta, por huracanes y tifones y por suerte quedaron unas cuantas canciones y él  pudo volver de semejante incursión. A diferencia de la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, donde el viaje del personaje era consciente, creo que lo de Andrés fue medio inconsciente, porque fue arrasado por un viento. Y la única manera que tenía de permanecer en pie era componiendo todo el tiempo para cagar a tiros a la angustia. Esa fue la única manera de resolver la situación. Por suerte pudo salir sano y a salvo. De El Salmón, “All you need is pop” es la canción que más me conmueve. Me parece un tema hermoso. Después están “Mi funeral 11” que es descomunal y que describe un estado de cosas impresionante. También me gustan mucho “Lorena”, “Qué ritmo triste”, “Mi Lobotomía” y “Vigilante medio argentino”.


Por Nacho Rodríguez (Onda Vaga)
“El mambo” es un tema que nos acompaña desde el primer ensayo de la banda, lo trajo Tomás (Gaggero), lo mostró y a todos nos gustó mucho. A partir de ahí lo tocamos casi siempre. Es uno de los temas más viejos de nuestro repertorio. El Salmón es un disco muy grande, te lleva a muchos estados de ánimo, lo siento como un gran autorretrato de Andrés, honestamente brutal, donde te muestra muchas de sus personalidades, enrosques, alegrías, oscuridades y tristezas. Un álbum muy generoso y compañero donde te podés ver reflejado en muchas canciones. Yo aún lo sigo descubriendo. No creo que haya influenciado en la formación de Onda Vaga, pero sí nos acompaña desde el principio y nos dio “El mambo”, una canción que sentimos propia cada vez que la cantamos. El Salmón es el (o los) disco que más me gusta. Un punto muy alto dentro del rock nacional.
Por Alejandro Schuster (Viva Elástico)
El Salmón es un disco suicida. Eso es lo que más me gusta. Es el disco más sincero que hizo Calamaro. Se nota que lo grabó en días de atropello, y en esas canciones te cuenta lo que está viviendo. Las letras tienen un modo de contar que es muy poético y callejero a la vez, parece escrito a los cachetazos. Tiene una particularidad, son canciones que escuchan músicos de distintos géneros. Me da la impresión que Calamaro tiene una forma de escribir que llega a muchos lados y sin esnobismo ni metáforas rebuscadas. En el peor momento de tu vida, una frase de Calamaro te puede ayudar.
Por Reno González (Reno y Los Castores Cósmicos)
Lo que me pasó con Calamaro, gracias a El Salmón, fue que uno veía a esos artistas inalcanzables sacando un disco cada dos años y en calidades cada vez mayores; y de pronto te encontrabas a un ídolo haciendo cinco discos en porta estudio (como hago yo que no tengo plata), usando grabaciones caseras y otras de estudio. En fin, haciendo lo que quería, usando samples y tocando covers en calidad decente, pero que el mainstream no aceptaba. Andrés Calamaro nos regaló las frases más contundentes y reales sobre el amor, el sexo y las drogas. Es increíble que un artista haya grabado de esa forma, como diciendo: “Ok, estos son mis cinco discos, al que le gusta los escucha y al que no, no”.
Reimon (Reimon Starship y los venusinos)
Calamaro marcó un antes y un después por el modo de producción que tiene ese disco, porque las grabaciones son caseras. No tuvo problemas en dejar lo que venia haciendo, y de algún modo, reinventarse. Se acercó más a la canción. Con El Salmón, Calamaro hizo masivo un modo de producción que se venía cocinando en el under y también se acercó al modo de escuchar música a través de Internet. El Salmón tiene temas que te pegan un gancho al mentón y no te los sacás más de la cabeza por unos días, semanas o meses.

martes, 17 de enero de 2012

La aplanadora del rock and roll

Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice

“Músicos con prontuario dudoso que devoran sus pasados en una tabula rasa. En una plancha de aleación abrasiva, Acorazado Potemkin cuece estribillos, yeites, palabras, lenguajes: una musicalidad extraña”. Así se resume lo que es la banda que integran Juan Pablo Fernández, Federico Ghazarossian y Luciano Esaín. Esas oraciones aparecen  en su sitio oficial, en el que también se puede bajar Mugre, el disco virtual que grabaron y sobrepasó las 3 mil descargas en la primera  semana y muchos catalogaron como “el gran disco de 2011”.



A lo largo de dos años, Acorazado Potemkin estuvo moldeando esas catorce canciones de Mugre por todo el under de la ciudad de Buenos Aires, pero también por La Plata y el interior del país. La aparición de Acorazado Potemkin fue, en un punto, una sorpresa. Fue una sorpresa porque marcó dos regresos: el de Juan Pablo Fernández, ex cara visible de Pequeña Orquesta Reincidentes -uno de los proyectos más vanguardistas de la música local en la década pasada-, y el retorno de Federico Ghazarossian a una banda de rock propiamente dicha. Fernández, después de su aventura en Reincidentes, se mantuvo a un costado de la escena musical. Ghazarossian había tocado el bajo en dos grupos seminales del rock nacional: Don Cornelio y la Zona y Los Visitantes. Luego de aquellas aventuras, se abocó al estudio del contrabajo y su figura dentro del mundo del rock se diluyó. Él le cuenta a BA Voice cómo se gestó Acorazado Potemkin: “Fue un trabajo duro. Con Juan nos conocemos hace más de diez años, y un día después que se separó la Pequeña Orquesta Reincidentes le dije de juntarnos, como para mantener los dedos calientes (o sea, tocar) y, bueno, después de esa charla, a los cinco o nueve meses nos juntamos y trajo algunos temas que estaba bocetando, que fueron las primeras canciones de Potemkin”.

En los primeros días de vida del grupo, la idea no era sonar tan agresivos. Ghazarossian tocaba el contrabajo y algo de su sonido en las primeras versiones de los temas no le cerraba.  “Empecé con el contrabajo porque no estaba tocando el bajo desde hacía diez años y, por otro lado, venia medio peleado con su sonido, ya que desde que empecé a tocar el contrabajo encontré una calidad de grave que con el otro instrumento no se puede conseguir, pero un día no pude llevarlo a los ensayos, y llevé el bajo. Ahí me di cuenta de que entraba perfecto el sonido. Ingresó Luciano (que también toca en Valle de Muñecas y Motorama) para tocar la batería y, al escucharlo, me di cuenta que con el contrabajo no iba a ningún lado”, detalla Ghazarossian.

Mugre se puede descargar gratuitamente desde www.acorazadopotemkin.com.ar, el sitio oficial de la banda en Internet. 

Acorazado Potemkin se presenta el miércoles 1 de febrero en Le Bar (Tucumán 422)

Crédito fotográfico: Federico Lo Bianco

lunes, 16 de enero de 2012

Adrenalina y poética arrabalera


Nota publicada hoy en la sección Cultura & Espectáculos del diario Página/12

Zigzagueante, una embarcación atraviesa los recovecos del Tigre. Va y viene, flanqueando tierra firme a la vista de los vecinos que sacuden las manos, dando la bienvenida. En una hora de viaje el catamarán recorre un paisaje frondoso, verde y monótono, haciendo escalas breves, río arriba, hasta llegar y detenerse en un muelle imperfecto donde –luego de sortear una maleza tupida y los impulsos de su perro–, hace su aparición Rodrigo Guerra, el entrevistado, ex contrabajista de la Pequeña Orquesta Reincidentes, actual integrante de Guerra y Todo, La Quimera del Tango, Lions in Love, Volver a Cero y Los Ramones del Tango, el proyecto que encabeza Daniel Melingo.
Al leer su currículum musical se puede deducir que este multiinstrumentista decidió refugiarse en una isla del Delta –y apartado de la gran ciudad– para descansar, pero no: “Hace cuatro años que vivo acá y es en el lugar donde más trabajo. Acá tengo todos mis libros, la música. Puedo tener muchas pantallas abiertas, puedo escribir, tocar, estar tranquilo y eso me rinde muchísimo. Yo parto a la ciudad con muchas partituras que hago en esta casa. Mis días aquí son de práctica continua y no hay mucha distracción. Es mi oficina”, cuenta a Página/12 sobre su intimidad en una cálida vivienda ubicada en una solitaria isla del Tigre.
La excusa es hablar de Guerra y Todo, un trío furtivo de sonido cerrado, directo, ligado fuertemente a la historia de los tríos de rock en la Argentina. Guerra y Todo está cargado de una poética arrabalera, tiene apenas un año y medio de actividad, un puñado de recitales y un disco homónimo editado por el sello independiente Oui Oui Records, en donde Guerra encarnó el rol de guitarrista, cantante y compositor, acompañado de Rafael Franceschelli, en bajo, y Lautaro Cottet, en batería, y que se presentará el miércoles 25 en Le Bar (Tucumán 422), con entrada gratuita.
–En Guerra y Todo se condensa, de un modo más violento y crudo, todo lo que usted produjo musicalmente.
–Sí, el trío es un formato sintético. Que invita a cierto minimalismo. En el rock, cuando aparece la segunda guitarra u otro instrumento, altera la ecuación. Pero en el trío hay un equilibrio muy interesante. Hay sobrados ejemplos, The Jimi Hendrix Experience, The Police. El trío nos lleva a una desnudez que descontractura, y donde no hay parafernalia. Lo nuestro es de garaje. Cuando agarro una guitarra eléctrica siento un regreso a las fuentes, al primer instrumento que toqué de chico, el instrumento con el que más pensé la música; los otros son incursiones, exploraciones, una manera de estudiar los sonidos. El testimonio del trío es como un chequeo médico, ahí te sale más o menos lo que estuviste tocando en los últimos tiempos. La guitarra se contamina muy fácilmente, porque es un instrumento muy atorrante.
–¿Para usted era una necesidad, aunque sea por un momento, salir del sonido del tango?
–En el lenguaje de los grupos en los que participo, hay todo un imaginario melódico que va cambiando de sonoridades, pero siempre tiene un mismo perfil. Hice tantos géneros que no puedo decir que cada uno lo viví como si pudiera convertir mi vida al género que estoy haciendo, como si tuviera esquizofrenia o encarnara un personaje. Irme del tango es imposible, está ahí, siempre aparece. No me preocupa dosificar el género, porque eso no se puede manejar. Inocentemente, buscamos un ideal. Hacía mucho que no tocaba rock; pero salir, no, me siento adentro de esta gran bola de géneros, absorbiendo más y viendo que hay cada vez más información.
–Se entiende, ya que hay una cierta épica tanguera y barrial en las letras.
–Nunca las terminaré de entender. Son estampas. Me gusta lo que tiene la poesía de escribir cositas, pero no saber de qué se tratan específicamente. Reflejan fielmente un estado de ánimo, una situación, pero en el momento no lo puedo abarcar. Las letras salieron de modo inconsciente, pero hay una negación de eso, está cantada así nomás, porque hay una brutalidad musical. Hoy hay una hegemonía de la voz, del discurso cantado y es una escuela en la que coinciden muchos.
–¿Y usted no coincide con esa escuela?
–Coincido bastante. Pero en este caso no me parecía importante, con que se entendieran las letras...
–Pero, recién hablaba de una negación.
–Sí, pero es una negación de hecho, física. Sucedió porque esta música la fui acunando de pendejo, en un underground, donde no se entiende nada lo que uno canta. Entonces, el underground termina siendo un soporte, una manera de escuchar la música. El lugar donde se escucha, ejecuta y es compartida la música hace mucho al timbre. No es lo mismo un cajón de hormigón de cien metros de largo que un boliche lleno de mesas y techo bajo. Quería crear esa confusión y sacar un poco del eje a las letras. Son importantísimas, pero es tan fuerte lo que sucede con el mensaje hablado, que el que no entiende va hacia atrás. A Spinetta nunca se lo entendió del todo, y hay que prestar atención. Cuando uno presta atención es porque no está todo servido. Después de escuchar a Manal, a La Pesada, aparece una textura que la industria desechó, pero para nosotros, los que andamos “cartoneando” en esto, nos sirvió para aprender y tomar cosas de allí.
–¿Qué no tiene Guerra y Todo de sus otros proyectos?
(Guarda silencio unos segundos) –Quizá tiene tolerancia. Hay muchas cosas que en el momento las podría haber hecho de otra manera, pero me la aguanté y las dejé así. Guerra y Todo es algo egoísta. Yo me hice cargo de este proyecto y las cosas se hicieron como yo quería, aceptando excelentes propuestas de mis compañeros. Ahí es donde se ejercita lo de la tolerancia, porque somos tres que a veces opinamos diferente. Sin embargo, acá tengo más responsabilidad. Con este proyecto me salgo con la mía, es algo más personal.
–Estaba buscando tener la última palabra.
–Siempre me sentí representado en todos los lugares donde trabajé, aun en esos proyectos donde participo componiendo música y letras. Esta es otra materia. Por ejemplo, en un grupo como Pequeña Orquesta Reincidentes, cuando una inquietud creativa me aparecía, y todavía era una idea amorfa, la tiraba al ruedo, y en el medio iba tomando su forma. Aquí con Guerra y Todo fue diferente, además porque parecemos un grupo comando, si tenemos un recital, ensayamos una vez y listo.
–Hizo referencia a Pequeña Orquesta Reincidentes, ¿ha seguido la trayectoria de cada uno de sus ex compañeros?
–Sí, claro. Esta es una gran familia. Acorazado Potemkin me gusta mucho. Tengo una debilidad con esa manera de componer, cantar y tocar la guitarra que tiene Juan Pablo (Fernández, cantante y guitarrista de Acorazado Potemkin). Además, sus compañeros son unos animales. Obviamente, guardo un entrañable recuerdo de lo que hicimos. Siempre festejé el trabajo musical de quien sea, pero el de mis ex compañeros lo celebro como si fuera mío. Parece una pedantería, pero siento algo muy tranquilizador cuando ellos hacen música. Cambiamos de forma, de manera de pensar, pero cuando te encontrás con un ex compañero que te ayuda, es muy emocionante. Puedo en mi cabeza cantar cada una de esas notas que tocaba en Reincidentes. Tenía un espíritu que era fuertísimo, tenía una cosa grupal muy poderosa y a su vez era retroalimentado por el público.
Guerra y Todo se presenta el miércoles 25 de enero, a las 22, en Le Bar (Tucumán 433). Entrada gratuita.

domingo, 15 de enero de 2012

Es un mostro grande y pisa fuerte

Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice


“Grandes éxitos” es el título del primer disco de La Cosa Mostra, un cuarteto integrado por la cantante Paula Maffía, la guitarrista Lucy Patané, el bajista Santiago Mazzanti y el baterista Pedro Bulgakov. No son sólo un cuarteto de rock tradicional, sino que también aparecen algunas variaciones en sus temas y en la formación de la banda. Es que para algunas presentaciones en vivo, el grupo llega a transformarse en una verdadera gran banda de salón. Florecen contrabajos, saxos, trompetas, pianos, mandolinas, banjos, una flauta traversa o poetas recitando algunos versos y chicas bailando o interpretando algún papel al son de la música en vivo.


Todo tiene que ver con la exploración que hace el grupo de la canción universal, eso que comúnmente se llama “world music”. Hay letras en inglés, en italiano, pero la mayoría son en español. Paula Maffía y Lucy Patané tienen un curriculum vitae sorprendente en el under de la Ciudad de Buenos Aires. Ambas participan de Las Taradas, una orquesta femenina que recupera el cancionero popular (bolero, swing) de los ´40 y ´50, con su sonido original y con una impronta divertida y entusiasta.  Lucy Patané también integra El Tronador, un colectivo musical y artístico que el año pasado también hizo su debut discográfico y, además, es la guitarrista de Diego Frenkel, acompañándolo en su nueva excursión como solista.

La escritora Pola Oloixarac, autora de la novela “Las teorías salvajes”, escribió un breve pero encendido texto que forma parte del decorado del álbum debut de La Cosa Mostra. Allí, en su recurrente modo de narrar, edifica una simpática y querible presentación del cuarteto: “Como Afrodita saliendo de la espuma, la voz hechicera de Paula Maffía viene de las profundidades de su Boca -¿pero de qué está hecha la negrura voraz del rock que la circunda? Maravilla monstruosa, la Mostra siempre es Cosa y garganta roja detrás de los idiomas hechos canción, y sin embargo resuena como de mil bocas: en su alud la veo comerse a dentelladas, cerbatanas de amor al hipotálamo”.

Por fechas y más información sobre La Cosa Mostra: www.lacosamostra.com.ar o www.lacosamostra.blogspot.com

La Cosa Mostra se presenta el viernes 20 de enero a las 21 en Casa Brandon (Luis María Drago 236).

sábado, 14 de enero de 2012

Canciones a un click de distancia


Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice

Soldaditos es una banda de Arrecifes, ciudad ubicada en el norte de la provincia de Buenos Aires.  Tres de sus cinco integrantes se establecieron en la Capital Federal; pero van y vienen cada vez que deciden juntarse para ensayar o armar alguna fecha. Quizá el sonido del grupo tenga que ver con la ruta. No es casualidad que de Arrecifes hayan salido decenas de automovilistas reconocidos en todos los autódromos del país. Y hace ya ocho años que están metidos en el rock.

El grupo está conformado por  Leandro Gabilondo (voz), Diego Lacroze (guitarra), Luciano Testa (bajo), Patricio Hanley (batería) y Luciano Muñoz (teclados y armónica). Leandro, su cantante, le cuenta a BA Voice algo de Leimotiv, el disco que decidieron publicar en su página de Internet oficial para su descarga gratuita: “Decidimos hacer un disco corto para ir con todo. Lo que decidimos antes de meternos en el estudio fue poner todo lo que nosotros generamos en la banda y en la producción del disco. Somos un grupo independiente y no tenemos recursos. El disco lo produjo Gonzalo Gutiérrez, guitarrista de Sponsors y de Los Animalitos, y fue grabado en el Estudio Lavardén, el mismo que usan Los Auténticos Decadentes”.



-¿Cuáles son los planes de Soldaditos a corto plazo?
-Estamos por editar un DVD de un recital acústico que hicimos en un teatro. Y eso va  a salir en formato tangible y será para marzo o abril. Tiene dos canciones inéditas. En el DVD tratamos de no meternos en el trabajo de los demás. Hablamos con gente que sabe de arte y de filmación. Y nosotros nos encargamos de las canciones.

-¿Se han relacionado con la gran cantidad de bandas que llegaron del interior a la Ciudad de Buenos Aires para hacerse un lugar aquí?
-Por suerte hay un resurgimiento de las bandas del interior. Yo creo que una de las que posibilitó esto fue Cielo Razzo. Nos demostró que se podía sonar en Capital Federal. Como Karamelo Santo. Todas las bandas del interior nos dieron mucho, nos enseñaron, nos influenciaron a nivel voluntad. Ese tipo de bandas, como Superlasciva, nos influyeron. Hay un grupo que me gusta mucho que se llama Cubas, que son De Berazategui, y es otro de los grupos que me emocionan, como Eruca Sativa. Cuando sucede algo grande con un grupo del interior en Capital Federal me emociona mucho. 

Leimotiv se descarga gratuitamente desde www.soldaditosrock.com.ar 

jueves, 5 de enero de 2012

"De pibe jugaba de cuatro, pero en la música intento jugar de número diez"


Aquí la segunda y última parte de la entrevista con Miguel Zavaleta. "No lo sé, suerte, quizás", su último disco, se puede descargar gratuitamente desde su sitio oficial: www.miguelzavaleta.com.ar 
De chiquito siempre me interesó el tema de los ovnis. Pero hace unos años volví a conectarme con todo eso. Hace 15 ó 16 años que empecé seriamente. Hace nueve tenía un programa de radio en Pilar. Ahora tengo otro. Hablo de cosas pesadas ahí. Cuento reportes, informaciones e historias de contactos con humanoides. Historias extrañas. Yo no encaro el programa desde la pregunta “¿existen o no existen los extraterrestres?” No, yo estoy convencido totalmente: existen. Las naves que vemos, que se ven en videos caseros, ¿cuántas serán?, ¿serán humanas? Todos los astronautas lo dijeron: hay vida afuera del planeta tierra.
Yo tenía once años y vino un grupo con Fabio Zerpa, año 1966. Vinieron a hablar de ovnis a mi casa yo me volví loco. Me mostraron un par de fotos y nunca más me olvidé del tema. Después lo seguí de más grande. Y eso disparó en mí otras preocupaciones: a preguntarme por el futuro del planeta, de la humanidad e investigué mucho y terminé más preocupado que antes. Una cosa es ver una nave y otra verla en televisión. Hay mucho de eso que es falso. Pero cuando ya ves que hay 500 videos, decís: “esto no es joda”.
Mucha gente ve fantasmas.  No es un tema que yo aborde en las canciones. No quiero asustar a nadie. No quiero hacerme el extraño. Es un tema fascinante.

La música es un don. Toda la música que yo hago es música formal, para instrumentos de rock. En mi cabeza sólo hay ruidos de bocinas, de gritos de gol, de destapes de botella.  La música imaginada es rara. Escucho las canciones de este disco y me sorprenden. Me pregunto: ¿de dónde salio eso si en mi cabeza nunca estuvo? Y eso es hermoso. Ahora lo veo como un don. Antes lo veía como un don también, pero era una excusa para escalar socialmente. Y también para mi autoestima. La música era una herramienta, pero ahora dejó de serlo. Y solo pasó a ser un don y la alegría de poder hacer una música mejor. Yo no disfrutaba de esto como la disfruto hoy. Pensaba que no tenía cosas importantes para decir. Ahora no siento ningún compromiso pesado. He pasado a un anonimato mayor que el de antes, pero esto se debe a que quiero salir a tocar. Tocar mucho más que antes.
No grabé nada desde “ Suéter 5”. Bueno, grabé dos discos solistas pero están ineditos, uno producido por Pedro Aznar. Están ahí guardados. Y hay un disco de Suéter en vivo. Participé en otros, como invitado, pero esto es lo primero que sale en casi 16 años. Lo que siento por la música es mucho cariño. Siento que ella y yo somos muy buenos amigos. Antes, al no poder sacar temas de otros, no tocar tanto, la música era algo lejano para mí. Todos creían que manejaban de taquito la música y me ponían un piano en una reunión y no me acordaba de cómo era una canción. Me decían “tocá tal canción”. Y yo les decía: “no la sé”. Generalmente, los músicos que sacan discos, empezaron tocando algún instrumento y sacando temas de otros artistas, así se empieza normalmente. Yo no, yo nunca había sacado un tema de nadie. Ni “Let it be” podía sacar. Llego a grabar el último disco de Sueter no habiendo practicado nunca con un solo instrumento. Luego de ahí empiezo a sacar canciones, a estudiar, a dedicarle horas y horas al piano. Y el resultado es esto. Y estoy más que feliz.
Originalmente, “No lo sé, suerte, quizás”, iba a ser un disco de Suéter. Pero en la banda teníamos visiones diferentes, ideas de por dónde tenía que ir la banda. Nunca hubo problemas, sólo diferentes miradas.
Yo siempre fui muy futbolero, de pibe jugaba de cuatro, pero en la música intento jugar de número diez: tengo que componer, tocar. Nunca supe pisar una pelota, fui siempre un buen marcador, pero hasta ahí nomás. Pero en la música ocupo el lugar de los que tienen que pisar la pelota, pero sigo pensando como un número cuatro. Siempre pensé en equipos. Es difícil armar equipos en donde todos sean números diez. Para jugar hay que renunciar a ciertas cosas. Todos tenemos que explotar, pero también tienen que ceder en algunos puntos. Si no, llega un punto en el que te separás. Yo puedo bancarme a alguien en mi banda que no tenga una buena digitación, pero no me banco a alguien oscuro o que no sea leal o un chanta. Los músicos somos una tribu agradable. No sé si todos los músicos, pero hay de todo acá: hay locos, malas personas, pero la mayoría son buenas personas.
Tuve mucha suerte con Suéter. En esos momentos en que me siento mal, pienso en todo lo que me dio Suéter y eso me pone feliz. Haber estado rodeado de músicos excepcionales me dio la oportunidad de armarme a mí mismo como persona, lo que logré después socialmente. Me salió todo mal durante diez años y cuando pensé que el partido estaba perdido, comencé con Suéter a los 25 y lo gané. O no, porque acá no importa ganar o perder, pero sí sé que fue un partido excitante.


miércoles, 4 de enero de 2012

"El sistema se ríe de mí"


El año pasado fui al departamento de Miguel Zavaleta en el barrio del Abasto. Hablamos casi dos horas. Me contó de "No lo sé, suerte, quizás", su último disco. Rescaté algunas de sus frases, aprovechando que el viernes 13 tocará en Vuela el pez, a las 21, Av. Córdoba 4379, Palermo. Aquí va la primera parte. 

Lo que nace de mi alma es más setentoso. Pero ha cambiado tanto la música que lo mío parece música de Marte. De cualquier manera, me sorprende cómo quedaron mis canciones en mi último disco. No es para avergonzarse. La década de los ochenta fue maravillosa. A mí el pasado no me sirve de mucho, pero me alegra haber formado parte de un momento determinado en la historia del rock argentino. Era una época donde podías ir a ver, por fin de semana, 50 espectáculos de rock. Había 50 shows que valían la pena. No sé si en España pasaba algo así, en ningún lugar. Yo lo que sí sé es que ahora se busca otra cosa, algo distinto. El músico verdadero, a la hora de componer, debe olvidarse del público.
A la hora de componer, me imagino un gusto que no es el mío. Sé que el fantasma del público hay que eliminarlo de la cabeza. Porque terminás haciendo lo que no te gusta a vos.
Cuando un disco fue grabado entre los problemas, lo ponés y te acordás de todo eso. Me pasa cuando me acuerdo de la grabación de “Sueter 5”. Fue raro. Porque fue la época en que explotó el grunge, el trash, y ese disco era todo lo contrario. No estaba el horno para bollos. Y ahora no lo sé, pero lo estoy haciendo. A mí en España me ofrecieron cantar salsa. Algo loco.
Está claro que la nueva generación busca llamar la atención. Busca el shock, busca llamar la atención. Surgí como músico en una época que lo que buscaba no era hacer la mejor canción mas hermosa posible, sino la canción mas violenta de todas. Porque debo reconocer que todo va acorde con los tiempos. Igual yo sé que ahora no voy a hacer nada para llamar la atención. Además, estoy grande. Ya no tengo 20 años. El paradigma va cambiando. Y cambia de golpe. Según dicen los musicalizadores, no se pueden rescatar tres horas de música argentina, de los 90 para acá.
Confío mucho en este disco. Hay muchos artistas que se sostienen por lo que son, y no por lo que producen. Yo soy lo contrario. Tengo claro quién soy. Para mí que lo escuche una persona ya es un triunfo.
Todo empezó cuando me pregunté ¿qué es lo que me interesa de la música? A mí me interesa que conozcan mi música y tocar. Los empresarios están en esto para ganar plata. Ha cambiado tanto el mundo de la música… No es culpa de ellos. El mundo discográfico ha quebrado. Lo que yo quiero ahora es tocar, lo necesito, quiero que oigan mi música los que quieran escucharla. No necesito miles de personas enloquecidas por la música que hago. No. Sólo necesito que me dejen unos mensajes divinos en la página oficial, que se emocionen.
El sistema se ríe de mí y de todos. A muy poca gente le preocupa la belleza, pero no sé, yo no pido plata por mi disco. Porque sé que si hubiera puesto el disco a bajar por diez centavos, mucha gente no lo hubiera descargado. Pero ése, que lo baja porque es totalmente gratis, le gusta y puede ser posible que escuche lo que hice. O sea, la vida te va llevando a los lugares más insólitos que nunca te habías imaginado. Alguien lo va a bajar porque solo es gratis, y ese se lo va a pasar a otro. Y así va a sonar.  Me lo apunto como un éxito propio. Sé que esto lo hicieron varios, no soy revolucionario al poner este disco en Internet y gratis. Estoy tratando de adaptarme a una época. Adaptarme en la parte comercial, pero en la artística sigo haciendo el mismo trabajo que hacía antes.
Soy tronco y vago para escribir en la pagina Internet. A mí me gusta escribir, plasmar conceptos, editar. Antes había una chica que me escribía lo que le dictaba, pero la volví loca. Ahora lo hago yo, y estoy horas y horas para pensar una frase.
Sigo escuchando este disco y me sigue gustando. Lo oigo y lo oigo y me gusta. Eso no es joda. Yo en Sueter había grabado siempre, pero sin saber casi nada de piano y de ningún instrumento. Después de Sueter me puse a estudiar piano. Y me estaba perdiendo algo, me estaba perdiendo ser músico. En aquella época apenas sabía componer, pero ahora estoy a otro nivel, aunque el nivel no es importante. Pero adentro mío, para mi satisfacción, quería saber. Es algo fuerte escuchar algo tuyo y dudar de que eso lo hiciste vos mismo, es una sensación que tengo ahora, después de estar practicando y aprendiendo durante más de diez años.
Mi generación está acá, la otra mitad está afuera. Este país expulsó mucha gente. Gente que extrañamos, gente decisiva para algunas cosas.
Viví en el campo mucho tiempo y cambié mi casa por este quilombo, frente al shopping Abasto.