miércoles, 28 de marzo de 2012

Saga Bob Dylan: III. Blonde on Blonde, el disco medianera (parte I)


I.

Tendría que agradecer al periodista Luis Paz que, en una conversación rockera que mantuvimos, se sirvió de una simpática metáfora para definir a Jessico, de Babasónicos, como un “disco medianera”. Ahora bien, ¿qué significa un disco medianera? Un antes y un después, un punto de inflexión en la historia de un grupo de rock. Por eso es que el tercer capitulo de la saga Bob Dylan está dedicado a Blonde on Blonde, el álbum que, promediando la década del sesenta, dividió la carrera de Dylan en dos partes. Pero no fue sólo la construcción y el contenido del disco lo que funcionó como medianera, sino las consecuencias de éste y una seguidilla de recitales y trabajo que derivó en un accidente que lo dejó recluido en una lujosa casa de campo en las afueras de Woodstock, durante muchos años, en los que siguió produciendo canciones (de allí surgieron lo que en 1975 conoceríamos como The Basement Tapes, donde se compusieron y grabaron alrededor de 161 temas y algunos sirvieron de maquetas para lo que sería otro gran disco de Dylan, John Wesley Harding).

Para empezar a escribir sobre Blonde on Blonde primero tendríamos que volver a 1965, quizá el año de mayor productividad de Dylan, en donde se cargó a la tradición folk (“Entré en el folk porque era el camino más viable para llegar al rock”), grabó sus primeros discos eléctricos (Bringing it all back home y Highway 61 revisited) y encaró una gira británica de la que da cuenta el documental Dont look back, de Donn Alan Pennebaker, del cual más tarde, en una entrevista de 1978, el cantante renegaría: “Cuando la vi en un cine, quedé asombrado ante lo que habían hecho. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que el personaje al que continuamente enfocaba la cámara era yo. Esa película la hizo un hombre que sacaba todo fuera de su contexto. Sólo reflejaba sus puntos de vista. La película carecía de honestidad”.

Él estaba buscando el sonido del crepúsculo (“esa etérea luz crepuscular”, diría luego), aquel sonido que retratara, con la mayor fidelidad, lo que ocurría en las calles. Retratarlo con un sonido bestial y único. Y también expresarlo a través de la lírica. Pero no sólo eso fue Blonde on Blonde, sino también un disco con dos canciones de amor que serían los caballitos de batalla en su repertorio (“Just like a woman” y “I want you”), además de “Sad eyed lady of the lowlands”, quizá la canción de amor más descomunal y formidable que se haya compuesto en la música popular de los últimos 45 años.

En el verano norteamericano de 1965 la lista de Billboard mostraba que The Byrds había llegado al número 1 con su versión de “Mr Tambourine Man”, una canción que Dylan había compuesto para Bringing it all back home. En Inglaterra, el disco llegó a la cima, luego de una gira que había llevado a cabo en abril. Fue en el mismo año cuando grabó “Like a rolling stone” para Highway 61 revisited y revolucionaría la escena musical de aquel entonces. En 1993, Paul McCartney diría a la revista Mojo sobre su primera impresión al escuchar aquella canción: “Parecía que duraba eternamente. Era sencillamente hermosa. Bob nos enseñó a todos que era posible ir un poco más lejos”.

Unos días después, Bob se presentó en el tradicional festival de folk de Newport, pero con su nueva banda de rock. Era todo una revolución porque hasta aquel entonces sólo se conocía su costado de trovador folk y creador de canciones política y socialmente comprometidas con una actualidad que lo preocupaba. Las crónicas de época marcan que la banda tocó sólo tres canciones de manera eléctrica (“Maggie´s farm”, “Like a rolling stone” y “It takes a lot to laugh, it takes a train to cry”)  bajo una silbatina y, después, dos canciones con guitarra y armónica (“Mr. Tambourine man” y It´s all over now, baby blue”). Luego de aquella experiencia se encerraría exclusivamente a grabar las canciones de Highway 61 revisited.

Ya en septiembre Bob y The Hawks, tal el nombre que había adoptado su banda, comenzaron una de las giras más grandes por todos los Estados Unidos. Aquellos recitales comenzaban con una parte acústica y continuaban con una eléctrica, con la banda a pleno. “Era un proceso muy interesante llegar a una ciudad, montarlo todo, que el público silbara e irnos a la siguiente ciudad. Tocábamos y nos silbaban”, recuerda Robbie Robertson, guitarrista. Cabe recordar que en noviembre de 1965, en un parate del tour, Dylan se casa con Sara Lownds, pero la gira vuelve a comenzar en febrero de 1966, momento en el que Dylan decide entrar a grabar un nuevo disco en vivo en el estudio.

Próximo capítulo: Blonde on Blonde, el disco medianera (parte II)

1 comentario:

Santiago Segura dijo...

¡Queremos la segunda parte!

Buena idea la de la saga.