jueves, 26 de enero de 2012

Más Rosario Bléfari


Bonus track: lo que quedó afuera de la entrevista publicada ayer

-En una entrevista con el Suplemento NO, luego de la salida de Calendario, había dicho que las letras no eran “necesariamente la ideología del autor”. ¿Podría ampliar el concepto?

Rosario Bléfari: -Básicamente eso pasó con el tema “Reservado”. Esa repuesta venía a colación de esa canción. Yo quise decir con eso que no porque yo estuviera cantando, fueran mis pensamientos, sino el de otros personajes. Lo sé, ideología suena un poco fuerte. Tal vez lo expresé mal, no me refería a lo ideológico estricto, sino al lugar emocional y a una mirada del mundo.

-¿La velocidad de las canciones de Privilegio tiene que ver con la consolidación del grupo?

-Sí. Influenció que se haya reafirmado la banda. Andrea (Di Napoli), la bajista de antes, era más melódica, las líneas de bajo de Misterio Relámpago son más beatle, ¿no? En cambio, Jesica (Ojeda) es más punk. Con Andrea, por más que nosotros rockeáramos, ella tenía un sonido más melódico. Puede que este disco suene más crudo, más elemental. Pero, el trabajo de guitarras fue más fino, más cuidado.

-Este disco fue el que te demandó mucho más tiempo.

-Luego de Calendario llegué a tocar sola en algunos recitales. Después pudo volver el baterista y pudimos armar todo. También vino Jesica y fue como volver a empezar.

-Para vos, ¿qué es el indie?

-Me acuerdo cuando la gente se preguntaba qué era eso. Había cuestionamientos de por qué se llamaba así. Hoy, la etiqueta no importa tanto. En algún momento importó, y algún periodista puso la etiqueta “de indie”, pero la corriente superó esa etiqueta. A veces, una categorización puede terminar anulando algo. La primera reacción que surge ante la etiqueta es un rechazo. A partir de Él Mató a un Policía Motorizado y 107 Faunos ya se convirtió en un movimiento en sí. Por ejemplo, vamos a tocar con Mujercitas Terror, que no está exactamente en esa vía, porque no es una banda platense ni son amigos directos de ellos, pero sí puede ser parte de una escena de bandas que están tocando mucho. Por ejemplo, She Devils es una banda que siendo anterior, y de chicas, de garage, ya marcaba una energía que tenía que ver con esto que está pasando ahora: la energía, una repuesta del cuerpo, el rock por delante. Ya con ellas aparecen todos esos elementos, pero con otra estética. Creo que en un punto hay una similitud. Es decir, cada uno pinta con colores distintos, pero de la misma paleta. Mujercitas Terror es muy distinto a la nuestro, pero hay una afinidad, compartimos raíces. Ellos son aparentemente oscuros y, nosotros, aparentemente claros. La oscuridad de ellos pareciera que es lo primero que se expone, pero es súper vital lo que transmiten.

La cuestión de género

-La otra vez tocamos con 107 Faunos y el público es muy efervescente. Hay un punto en que allí se ve una alegría masculina: los chicos saltando, festejando y, sin embargo, no es excluyente. Puede haber una chica ahí y es como que a esa fiesta también pueden ir las chicas.

-Me causan gracia esas notas en los diarios sobre “las mujeres en el rock” (risas). ¡Todas las mujeres del rock odiamos eso! Porque es algo que se superó. Molesta cuando se hace foco en algo así. Pero, bueno, en cualquier tipo de recital de los 107 Faunos u otro grupo afín no hay cosas marcadamente femeninas o masculinas, y eso permite cierta circulación de géneros. Y eso lo veo que pasa en muchos recitales, en los de Boom Boom Kid, que no sé si es indie, pero que comparte ciertas cosas, no estéticas, pero sí público y libertad.

martes, 24 de enero de 2012

"Hoy me comprometo más con el texto"


Nota publicada hoy en la sección Cultura & Espectáculos, del diario Página 12
Se pueden tomar tres fotografías de lo que cuenta Rosario Bléfari sobre su 2011 cultural. Una podría ser la de ella bañándose incansablemente en las aguas del Mar Adriático o descubriéndose, casi con extrañeza, en la Plaza San Marcos llena de gente; otra podría ser la de la grabación de Privilegio, su quinto disco solista, luego de tres años sin canciones nuevas, y, la última, un retrato sobre su trabajo en Un mundo misterioso, la película de Rodrigo Moreno, estrenada el año pasado. Ahora recuerda todo aquello que vivió y sonríe: “Venecia es tan poderosa. Fui por el Festival de Cine, a presentar Verano, la película de José Luis Torres Leiva, en la que trabajé en Chile. Era la primera vez que iba y ahí también pude ver a Patti Smith, que tocó en un jardincito y dio una charla sobre poesía. ¡Hasta estaba George Clooney!”, comenta sobre su experiencia en la 54ª Bienal de Venecia, en Italia.
En estos primeros días de 2012, Rosario Bléfari –actriz, cantante y poeta que supo liderar a Suárez, banda que durante los noventa tradujo “a la argentina” la ideología cultural que sostenían los referentes del indie norteamericano como Sonic Youth y Yo La Tengo– saborea las primeras mieles de Privilegio, un disco de canciones rápidas, “algunas en extremo vertiginosas y cortas como ráfagas y otras andantes, con algunas texturas rítmicas de acústicas que sostienen con la fortaleza adecuada los desvaríos tímbricos de las guitarras eléctricas”, y que será presentado mañana a las 20, en Niceto Club (Av. Niceto Vega 5510), junto a Mujercitas Terror y Camila Barre.
–En sus discos siempre hay un eje conceptual, ya sea sonoro o poético. ¿Qué diferencias encuentra entre Calendario, su disco anterior, y Privilegio?

–Cuando tengo cuatro o cinco canciones me gusta ver qué tienen en común, qué proponen, y cuando descubro eso, ahí selecciono el resto de los temas en función de reforzar esa idea. Después, no sé si se nota mucho en los discos; pero por lo menos tengo como intención que no sea un rejunte de canciones, sino que haya una idea que las vaya hilvanando. Y siempre me pasa que tengo que dejar muchas afuera. Con respecto a las letras, los discos no son tan diferentes. En Privilegio quise trabajar la idea de diálogo. Hay temas que son de Javier Marta, mi guitarrista. Algunos me preguntaban por qué había accedido a que compusieran otros integrantes. Pero me parecía bueno contraponer mis canciones a las de otro. A él le propuse que tocara estos temas, para que las canciones dialogaran entre sí, como forma. Muchas de estas canciones fueron compuestas en respuesta a alguna que él me mostraba y así lo hicimos. En un momento, pensé que el disco podía estar atravesado por esa idea de diálogo y me pareció que podía ser divertido trabajarlo.
–A diez años de la separación de Suárez, ¿reconoce en algunas bandas de hoy una recuperación de aquel sonido?
–Veo varios elementos que aparecen. Claro que colocados de otra manera, pero se nota que fueron a las mismas fuentes y fueron influenciados por grupos similares. En El Mató a un Policía Motorizado reconozco ciertas formas que me recuerdan a cosas que podríamos haber tocado nosotros, pero en realidad porque vienen de la música que también nos gustaba, como Velvet Underground, cosas que vienen de parientes más lejanos. Pero estoy segura de que si nosotros no hubiéramos existido, igualmente ellos habrían hecho su música.
–¿Y en otras bandas?
–Me pasa cuando escucho a los 107 Faunos, que me es afín esa aparente desprolijidad que pueden tener las canciones, como el plano de las voces. Digo aparente, porque pasa que muchas veces se puede ver eso como una dejadez o un descuido. Pero nos pasaba con Suárez que a eso le poníamos mucho empeño y trabajo en esos detalles y algunos que veían la música de otro lugar más... (piensa).
–¿Conservador?
–Sí, que veían la música de otro lugar o tenían influencias más tradicionales les parecía desidia o descuido nuestro sonido, pero eso era una elección nuestra. Y hoy les pasa a 107 Faunos. Me parece genial que ellos, desde su lugar, tengan muy buena onda y reconozcan lo que les suena familiar. Antes, eso no pasaba, los músicos tenían cierta reticencia en reconocer algunas cosas de sus anteriores.
–Hoy pareciera que el indie, a diferencia de lo que pasaba antes, dejó de ser para unos pocos.
–Sí, es cierto. Antes no había mucho público. Y además, antes el público era más contemplativo, más tímido e introspectivo. Era más la exaltación del viaje mental por sobre la exaltación de poner el cuerpo. A mí también me pasó. A partir de 2004 empecé a poner el cuerpo, la expresión, lo físico, el movimiento y sentí la necesidad de expresar de esa manera la palabra, la velocidad y el golpe. Quería que todo fuera más físico. Antes, el viaje sonoro, el de las disonancias y las repeticiones tenía que ver con quedarse más para adentro y no tanto de euforia. La gente podía estar tirada en butacas, pasándola muy bien, pero no física, sino mentalmente.
–Empezó a poner el cuerpo, la expresión. ¿Hay algo de la actriz en el escenario?
–Con el tiempo fui sintiendo que yo era más actriz en lo musical que en el cine. En el cine no había tenido tantas oportunidades para desarrollar distintos tipos de actuación. Las cosas que hice fueron pequeñas. En un protagónico uno puede desarrollar un personaje, pero sólo en el cine de (Martín) Rejtman tuve uno. Tal vez toda la energía de la actriz que hay en mí está en la música y al servicio de las canciones. Ellas son el guión y lo bueno es que esas letras las escribo yo (risas).
–Una actriz-cantante que fue mutando.
–Para mí, en las canciones de Suárez, no tenía mucha conciencia de la forma que podía cantar e ir más allá con el sentido. Esa cantante era otro personaje. En cambio, ahora compongo para una cantante que es más expresiva. Nunca me gustó dramatizar y exagerar la letra. Como público y como cantante no me gusta que el cantante vaya mucho más allá del texto con la expresividad, me gusta que se lo cante en el punto exacto. Ahora me comprometo más con el texto.
–¿Y usted hace alguna autocrítica como cantante?
–Me gustaría tener la voz más poderosa, un vozarrón que pudiera imponerse sobre los instrumentos, pero creo que a todos los que cantan les debe pasar lo mismo. La ambición del cantante es tener más voz, y a mí me gustaría tener un gran caudal. No me preocupa la desafinación, sé que desafino, porque en vivo no me escucho bien. Me amargué mucho por las críticas, pero yo no estoy haciendo ópera; en lo que hago es más importante la canción, la energía de ese momento, el golpe, la expresividad. Porque, además, tampoco es algo que les pido a las bandas que me gustan, no estoy fijándome en eso.
–¿Por qué?
–Porque es rock.
Crédito fotográfico: Albertina Sales

lunes, 23 de enero de 2012

"Argentina es un país completamente rockero"


Manolo García fue el cantante de El Último de la Fila, quizá el grupo de rock más importante que haya dado la música de España. Muchos coinciden en catalogar su disco “Enemigos de lo ajeno” como el gran álbum del rock de allá. El cantante había llegado a Buenos Aires en el 2011 para ofrecer un recital en La Trastienda, pero luego de algunas idas y vueltas, los productores decidieron cancelar definitivamente el evento. Él ya había tocado en la Argentina en el teatro ND Ateneo, en 2007. En un principio, la entrevista iba a ser publicada en el diario Página 12, pero ante aquella cancelación, tuve que guardar la grabación. Hoy la encontré. 
-¿Le gusta tocar en Buenos Aires?
Manolo García: -Sí, por supuesto. Yo aquí en Buenos Aires no encuentro nada extraño, me siento uno más de aquí. Me siento parte de la familia, de la ciudad. Allá en Barcelona hay una cantidad grande de rioplatenses y conozco muchos argentinos que viven allá. Y la arquitectura de los edificios de la ciudad es similar a la de algunas ciudades de España. Y eso me aporta familiaridad. Además acá hay un público muy rockero, muy amplio. Argentina es un país completamente rockero. A mí me da la posibilidad de sentirme a gusto aquí.
-Entonces, ¿cuáles fueron los grupos de rock argentinos a los que tuvo acceso en España?
-Allá lo que llegó fue Soda Stereo, Fito Páez, Fabulosos Cadillacs, Charly García. Eso fue lo que escuché. No me quiero olvidar de Andrés Calamaro. Él tiene doble nacionalidad. A Calamaro le tengo mucho respeto.
-En una entrevista con un medio español, usted había dicho que formaba parte de una generación influenciada por el rock and roll de Creedence, pero también por el tango argentino. ¿Lo influenció el tango?
-Engañaría si dijese que el tango me ha influido; pero sí reconozco que hay una parte del tango que me ha enamorado y que es la letra, la poesía. Me sucede lo mismo con la ranchera mexicana, donde las letras son vehementes. Tienen un fondo filosófico. Eso es lo que me gusta del tango. La música, en cambio, se aleja mucho de lo que yo hago, de mi inercia musical. Ahí ya elijo a Led Zeppelín, Creedence, Jimi Hendrix. El tango me queda lejos, pero lo escucho atento y con placer. Sus textos me parecen maravillosos.
-Usted es un artista con varias facetas: es pintor, músico, escritor. ¿Cómo conviven esas facetas artísticas a la hora de hacer una canción?
-Creo que se alimentan las unas con las otras. Son vasos comunicantes y una disciplina le aporta algo a la otra. He llegado a pensar que sin una de esas disciplinas, las otras no podrían existir. Porque en el fondo, se necesitan.  El músico necesita comunicar algo y alejarse de la soledad de uno mismo. Muchas mañanas me pongo a pintar y luego de tres o cuatro horas de trabajo, necesito ponerme a componer una canción, tocar algo. La música es una terapia que te ayuda. Yo no sólo hago terapia con mi música solamente, sino también cuando compro discos o escucho las canciones de otro artista que me gusta.


-¿Podría recordar el episodio que tuvo con la versión española de Operación Triunfo?
-Fue hace unos cuatro o cinco años. Mandé una carta a la producción, porque no estaba muy de acuerdo con la política del programa. Se emitía en la cadena nacional, un canal que pagamos todos con nuestros impuestos. Se decía que había corrupción en el concurso, etcétera. No hubiera tenido reparos si el programa lo hubiese hecho una productora privada, porque estaban haciendo su negocio. Me merecían todo el respeto los chicos y las chicas que participaban, pero esos programas parecen terribles y de una bajeza moral a la que podemos estar llegando en nuestra sociedad. Y no solo se da en España, en muchos países está sucediendo. Forma parte de un progreso mal entendido. Pero cuando ya aparecen familiares peleándose, el escarnio en público, el chiste para con un chico que recién comienza en la música, eso es dantesco. Está claro que eso es un circo, que lo que cuentan no es cierto, es  un invento para llenarse los bolsillos de plata. Ante eso, cambio de canal.
-¿Solamente la indignación lo impulsó a escribir esa carta?
-No, no. Yo siempre he defendido la idea de que lo más importante de mi propuesta es mi música, no soy yo. Este es un oficio que me encanta, que desarrollo con toda mi pasión. Nadie me obligó a estar en él. Al contrario, luché para estar en él. Y ahora que estoy instalado, lo disfruto. Lo que yo aporto es mi música, no mi persona. Yo estoy aparte. Mi vida privada o personal no tiene interés. No tiene nada excepcional. El negocio musical yo lo entiendo así: hay dos carpinteros, uno hace una silla mejor, más cómoda; el otro, en cambio, la hace, pero tal vez un poco peor. Sin embargo, ellos son seres humanos y hacen lo mejor que pueden. Las sillas son sillas. Hay una singularidad en un pintor, en un arquitecto, en un cineasta o en un conductor de autobús o un carpintero. Si hay algo interesante en mi, llegará con mi música, mis pinturas o mis escritos. Lo demás no es excepcional. Si pudiera ser Superman, realizar actos espectaculares, lanzarme desde el piso 27 y volar, claro, sí, serían espectaculares mis hazañas personales. Pero sólo hago música, escribo y pinto.
-No deja que nadie se meta en la producción de su música.
-Dentro del circuito comercial, en España soy un músico atípico por mi propuesta. Yo nunca acepto sponsors ni marcas comerciales. Intento tener una integridad y un orgullo de músico, una idea exacta de que lo más importante es la música. Empecé con con una etapa más rockera, furibunda, punk. Mi música ha ido cambiando, pero siempre con la misma idea: de tendencia rockera, de no plegamre al dictado de ningún ministerio de cultura ni de nadie que te pida algo a cambio. Yo no pido nada a nadie, yo hago mi camino solo. Eso es lo que pretendo. Tengo mis normas, mi pequeña ética y filosofía de bolsillo y la pongo en práctica día a día. Y me funciona, me deja tranquilo sabiendo que el sueño será mejor o peor, pero será propio.
-¿Qué fue lo que no le dio El Último de la Fila y sí su etapa como solista?
-Yo siempre pienso que cada cosa tiene su tiempo. La mayoría de los grupos, cuando se arman, son cinco, cuatro o seis. Ahí los chicos tienen 19, 20 años. Cuando tienen 28, ya quedan tres en la banda; cuando tienen 35 ó 40 cada uno queda por su lado. Sólo los Rolling Stones, que es una empresa tan poderosa que les permite juntarse algunas veces para hacer una gira mundial y seguir con sus vidas, continúan en pie. Hay otros grupos, claro, pero son pocos. A mí no me va el negocio. Yo jamás pensé que iba a vivir de la música. Yo estudié diseño grafico, bellas artes, trabajé en diferentes oficios; pero no dejaba de tocar nunca. Tocaba siempre, desde joven. Es una válvula de escape. Amar lo que haces es una garantía de felicidad. Esa es la idea que ha pervivido en mí: seguir en la música de la manera más pura posible y alejado del negocio. 
-En la biografía que aparece en tu página de Internet, dice que usted es el músico que mejor representa a la música española.
(Risas) -No, no lo creo. Además, eso no lo escribí yo. Lo que sé es que soy un francotirador. Es decir, hago mi camino y procuro dejar una obra personal, profunda y muy sincera. Si soy el que mejor representa a la música española o no, no lo sé. Ni tampoco soy quien para decirlo. Hay muchísimos artistas en España que pueden representar ese papel: Sabina, Serrat, por nombrar a ellos dos. Yo soy un músico de allá, pero abierto a nuevos aires, y siempre con ganas de renovación y de sorpresa. Pero no para los demás, sino por mí mismo, para sorprenderme.
-¿Qué es lo que le sigue interesando del rock?
-Me interesa impregnar mis canciones de aromas diferentes. No soy un rockero apegado a la guitarra eléctrica. Por supuesto, la guitarra eléctrica es el eje central de mis canciones. En esa cultura en la que nací, de Led Zeppelin, de Janis Joplin, hablamos de rock and roll puro. Esa es la espina dorsal de lo que yo hago; pero luego matizo, me gusta mezclar. Estuve en Grecia y en un viaje anterior en Salvador de Bahía, en Brasil, y lo que subyace ahí es el alma de la canción. La canción que tiene alma, aún si la vistes con otros ropajes, va a salir siempre. Todavía tengo ganas de vivir viajes físicos y viajes interiores. La curiosidad, eso es lo que no he perdido desde que estoy en la música.

domingo, 22 de enero de 2012

Tu boca canta tantas cosas

Francisco Bochatón 
La Cigale
Ciudad de Buenos Aires 
21/01/2012

Recuerdo un recital de Francisco Bochatón en el bar El Nacional de San Telmo, el 8 de diciembre de 2006. Había pasado una hora y media de show y la banda decidió volver a los camarines; pero el ex Peligrosos Gorriones resolvió quedarse en el escenario con una guitarra para repetir canciones que ya había tocado con sus compañeros unos minutos antes, pero  también para hacer otras más. Entre ellas, tocó “Caja de zapatos” tres veces. La música  siguió, y Bochatón quedó tendido una hora después sobre la madera del escenario, empapado de cerveza, con la gente doblada de la risa.


El de ayer fue un recital similar, pero el público entendió que se trataba de uno de rock. No había mesas ni sillas y en el segundo piso de La Cigale ya no entraba nadie. Bochatón armó una lista de una hora y veinte, casi con la misma banda con la que tocó aquella vez en El Nacional. Sin embargo, esta vez no terminó todo mal, pero sí el Bocha anduvo por el piso unas cuantas veces, acompañado de su guitarra, el pie del micrófono y enredado en cables. El público lo ayudaba a levantarse una y otra vez. ¡Hasta un pibe del público cantó “Tu voz se va”, mientras Bochatón tocaba la guitarra en el medio del pogo!

Recordemos que su último disco de estudio (Tic Tac) fue lanzado en 2007, y estos recitales son un anticipo de La vuelta entera, un álbum que, posiblemente, esté en la calle en marzo, ya que en abril comienza la grabación de lo nuevo de Peligrosos Gorriones. La banda en vivo la rompe de principio a fin. Fernando Kabusacki sabe que su rol es sostener firme el sonido punzante, ya que Bochatón, en su rol de segundo guitarrista, toca las partes rítmicas y a veces se cuelga un poco; y Matías Mango confirma en cada recital ser un gran tecladista de rock.  

Aquí van algunas de las canciones. “Sábado”, “La calle”, “Hojas de alcaucil”, “Pastillas celestes”, “22:33”, “Balvanera”, “No volverás”,  “Caja de zapatos”, “Te amo”, “Tu voz se va”, “Vida simple”, “Feliz cumpleaños”, "Lobo hombre en París" (cover de La Unión) y “Sucio gas” (cover de Ratones Paranoicos).

La banda que acompaña a Bochatón: Fernando Kabusacki (guitarrista), Quique Illid (baterista, ¡ex Los Brujos!), Matías Mango (tecladista) y Nelson Collingood (bajista).

Crédito fotográfico: Chris Castello

jueves, 19 de enero de 2012

Opiniones sobre El Salmón

El año pasado, con motivo de los diez años de El Salmón, entrevisté a varios músicos para que opinaran sobre la importancia del disco en sus vidas. Aquí recupero algunas de aquellas declaraciones que permanecían inéditas.


Por Manuel Moretti (Estelares)


Con Andrés Calamaro nos conocimos en abril de 2001, cuando él participó en Ardimos, nuestro tercer disco. No sé qué fantasmas lo abran atrapado que lo dejaron encerrado en su casa para hacer todas esas grabaciones. En esos años me acuerdo que él llegaba a su casa y lo primero que hacía era prender la porta estudio para seguir grabando. El Salmón es un disco que quiero mucho por la semejante entrega de Andrés. Un poco sé y otro poco intuyo lo que le costó, cómo estaba en ese momento y de la manera en cómo se entregó a todas esas canciones. Es un disco que me conmueve, que lo congratulo, lo abrazo. Y celebro que también haya terminado de transitar por esa época; que para él fue muy cruenta y tan prolífica a la vez. Tiene canciones preciosas y otras que son fotografías del momento: tremendas chifladuras. Es un disco que admiro y respeto. Y le agradezco a Calamaro que le haya puesto el cuerpo. Hay cosas que no se eligen, esto le pasó. Fue atravesado por fantasmas exclusivos de él, fue arrasado por la tormenta, por huracanes y tifones y por suerte quedaron unas cuantas canciones y él  pudo volver de semejante incursión. A diferencia de la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, donde el viaje del personaje era consciente, creo que lo de Andrés fue medio inconsciente, porque fue arrasado por un viento. Y la única manera que tenía de permanecer en pie era componiendo todo el tiempo para cagar a tiros a la angustia. Esa fue la única manera de resolver la situación. Por suerte pudo salir sano y a salvo. De El Salmón, “All you need is pop” es la canción que más me conmueve. Me parece un tema hermoso. Después están “Mi funeral 11” que es descomunal y que describe un estado de cosas impresionante. También me gustan mucho “Lorena”, “Qué ritmo triste”, “Mi Lobotomía” y “Vigilante medio argentino”.


Por Nacho Rodríguez (Onda Vaga)
“El mambo” es un tema que nos acompaña desde el primer ensayo de la banda, lo trajo Tomás (Gaggero), lo mostró y a todos nos gustó mucho. A partir de ahí lo tocamos casi siempre. Es uno de los temas más viejos de nuestro repertorio. El Salmón es un disco muy grande, te lleva a muchos estados de ánimo, lo siento como un gran autorretrato de Andrés, honestamente brutal, donde te muestra muchas de sus personalidades, enrosques, alegrías, oscuridades y tristezas. Un álbum muy generoso y compañero donde te podés ver reflejado en muchas canciones. Yo aún lo sigo descubriendo. No creo que haya influenciado en la formación de Onda Vaga, pero sí nos acompaña desde el principio y nos dio “El mambo”, una canción que sentimos propia cada vez que la cantamos. El Salmón es el (o los) disco que más me gusta. Un punto muy alto dentro del rock nacional.
Por Alejandro Schuster (Viva Elástico)
El Salmón es un disco suicida. Eso es lo que más me gusta. Es el disco más sincero que hizo Calamaro. Se nota que lo grabó en días de atropello, y en esas canciones te cuenta lo que está viviendo. Las letras tienen un modo de contar que es muy poético y callejero a la vez, parece escrito a los cachetazos. Tiene una particularidad, son canciones que escuchan músicos de distintos géneros. Me da la impresión que Calamaro tiene una forma de escribir que llega a muchos lados y sin esnobismo ni metáforas rebuscadas. En el peor momento de tu vida, una frase de Calamaro te puede ayudar.
Por Reno González (Reno y Los Castores Cósmicos)
Lo que me pasó con Calamaro, gracias a El Salmón, fue que uno veía a esos artistas inalcanzables sacando un disco cada dos años y en calidades cada vez mayores; y de pronto te encontrabas a un ídolo haciendo cinco discos en porta estudio (como hago yo que no tengo plata), usando grabaciones caseras y otras de estudio. En fin, haciendo lo que quería, usando samples y tocando covers en calidad decente, pero que el mainstream no aceptaba. Andrés Calamaro nos regaló las frases más contundentes y reales sobre el amor, el sexo y las drogas. Es increíble que un artista haya grabado de esa forma, como diciendo: “Ok, estos son mis cinco discos, al que le gusta los escucha y al que no, no”.
Reimon (Reimon Starship y los venusinos)
Calamaro marcó un antes y un después por el modo de producción que tiene ese disco, porque las grabaciones son caseras. No tuvo problemas en dejar lo que venia haciendo, y de algún modo, reinventarse. Se acercó más a la canción. Con El Salmón, Calamaro hizo masivo un modo de producción que se venía cocinando en el under y también se acercó al modo de escuchar música a través de Internet. El Salmón tiene temas que te pegan un gancho al mentón y no te los sacás más de la cabeza por unos días, semanas o meses.

martes, 17 de enero de 2012

La aplanadora del rock and roll

Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice

“Músicos con prontuario dudoso que devoran sus pasados en una tabula rasa. En una plancha de aleación abrasiva, Acorazado Potemkin cuece estribillos, yeites, palabras, lenguajes: una musicalidad extraña”. Así se resume lo que es la banda que integran Juan Pablo Fernández, Federico Ghazarossian y Luciano Esaín. Esas oraciones aparecen  en su sitio oficial, en el que también se puede bajar Mugre, el disco virtual que grabaron y sobrepasó las 3 mil descargas en la primera  semana y muchos catalogaron como “el gran disco de 2011”.



A lo largo de dos años, Acorazado Potemkin estuvo moldeando esas catorce canciones de Mugre por todo el under de la ciudad de Buenos Aires, pero también por La Plata y el interior del país. La aparición de Acorazado Potemkin fue, en un punto, una sorpresa. Fue una sorpresa porque marcó dos regresos: el de Juan Pablo Fernández, ex cara visible de Pequeña Orquesta Reincidentes -uno de los proyectos más vanguardistas de la música local en la década pasada-, y el retorno de Federico Ghazarossian a una banda de rock propiamente dicha. Fernández, después de su aventura en Reincidentes, se mantuvo a un costado de la escena musical. Ghazarossian había tocado el bajo en dos grupos seminales del rock nacional: Don Cornelio y la Zona y Los Visitantes. Luego de aquellas aventuras, se abocó al estudio del contrabajo y su figura dentro del mundo del rock se diluyó. Él le cuenta a BA Voice cómo se gestó Acorazado Potemkin: “Fue un trabajo duro. Con Juan nos conocemos hace más de diez años, y un día después que se separó la Pequeña Orquesta Reincidentes le dije de juntarnos, como para mantener los dedos calientes (o sea, tocar) y, bueno, después de esa charla, a los cinco o nueve meses nos juntamos y trajo algunos temas que estaba bocetando, que fueron las primeras canciones de Potemkin”.

En los primeros días de vida del grupo, la idea no era sonar tan agresivos. Ghazarossian tocaba el contrabajo y algo de su sonido en las primeras versiones de los temas no le cerraba.  “Empecé con el contrabajo porque no estaba tocando el bajo desde hacía diez años y, por otro lado, venia medio peleado con su sonido, ya que desde que empecé a tocar el contrabajo encontré una calidad de grave que con el otro instrumento no se puede conseguir, pero un día no pude llevarlo a los ensayos, y llevé el bajo. Ahí me di cuenta de que entraba perfecto el sonido. Ingresó Luciano (que también toca en Valle de Muñecas y Motorama) para tocar la batería y, al escucharlo, me di cuenta que con el contrabajo no iba a ningún lado”, detalla Ghazarossian.

Mugre se puede descargar gratuitamente desde www.acorazadopotemkin.com.ar, el sitio oficial de la banda en Internet. 

Acorazado Potemkin se presenta el miércoles 1 de febrero en Le Bar (Tucumán 422)

Crédito fotográfico: Federico Lo Bianco

lunes, 16 de enero de 2012

Adrenalina y poética arrabalera


Nota publicada hoy en la sección Cultura & Espectáculos del diario Página/12

Zigzagueante, una embarcación atraviesa los recovecos del Tigre. Va y viene, flanqueando tierra firme a la vista de los vecinos que sacuden las manos, dando la bienvenida. En una hora de viaje el catamarán recorre un paisaje frondoso, verde y monótono, haciendo escalas breves, río arriba, hasta llegar y detenerse en un muelle imperfecto donde –luego de sortear una maleza tupida y los impulsos de su perro–, hace su aparición Rodrigo Guerra, el entrevistado, ex contrabajista de la Pequeña Orquesta Reincidentes, actual integrante de Guerra y Todo, La Quimera del Tango, Lions in Love, Volver a Cero y Los Ramones del Tango, el proyecto que encabeza Daniel Melingo.
Al leer su currículum musical se puede deducir que este multiinstrumentista decidió refugiarse en una isla del Delta –y apartado de la gran ciudad– para descansar, pero no: “Hace cuatro años que vivo acá y es en el lugar donde más trabajo. Acá tengo todos mis libros, la música. Puedo tener muchas pantallas abiertas, puedo escribir, tocar, estar tranquilo y eso me rinde muchísimo. Yo parto a la ciudad con muchas partituras que hago en esta casa. Mis días aquí son de práctica continua y no hay mucha distracción. Es mi oficina”, cuenta a Página/12 sobre su intimidad en una cálida vivienda ubicada en una solitaria isla del Tigre.
La excusa es hablar de Guerra y Todo, un trío furtivo de sonido cerrado, directo, ligado fuertemente a la historia de los tríos de rock en la Argentina. Guerra y Todo está cargado de una poética arrabalera, tiene apenas un año y medio de actividad, un puñado de recitales y un disco homónimo editado por el sello independiente Oui Oui Records, en donde Guerra encarnó el rol de guitarrista, cantante y compositor, acompañado de Rafael Franceschelli, en bajo, y Lautaro Cottet, en batería, y que se presentará el miércoles 25 en Le Bar (Tucumán 422), con entrada gratuita.
–En Guerra y Todo se condensa, de un modo más violento y crudo, todo lo que usted produjo musicalmente.
–Sí, el trío es un formato sintético. Que invita a cierto minimalismo. En el rock, cuando aparece la segunda guitarra u otro instrumento, altera la ecuación. Pero en el trío hay un equilibrio muy interesante. Hay sobrados ejemplos, The Jimi Hendrix Experience, The Police. El trío nos lleva a una desnudez que descontractura, y donde no hay parafernalia. Lo nuestro es de garaje. Cuando agarro una guitarra eléctrica siento un regreso a las fuentes, al primer instrumento que toqué de chico, el instrumento con el que más pensé la música; los otros son incursiones, exploraciones, una manera de estudiar los sonidos. El testimonio del trío es como un chequeo médico, ahí te sale más o menos lo que estuviste tocando en los últimos tiempos. La guitarra se contamina muy fácilmente, porque es un instrumento muy atorrante.
–¿Para usted era una necesidad, aunque sea por un momento, salir del sonido del tango?
–En el lenguaje de los grupos en los que participo, hay todo un imaginario melódico que va cambiando de sonoridades, pero siempre tiene un mismo perfil. Hice tantos géneros que no puedo decir que cada uno lo viví como si pudiera convertir mi vida al género que estoy haciendo, como si tuviera esquizofrenia o encarnara un personaje. Irme del tango es imposible, está ahí, siempre aparece. No me preocupa dosificar el género, porque eso no se puede manejar. Inocentemente, buscamos un ideal. Hacía mucho que no tocaba rock; pero salir, no, me siento adentro de esta gran bola de géneros, absorbiendo más y viendo que hay cada vez más información.
–Se entiende, ya que hay una cierta épica tanguera y barrial en las letras.
–Nunca las terminaré de entender. Son estampas. Me gusta lo que tiene la poesía de escribir cositas, pero no saber de qué se tratan específicamente. Reflejan fielmente un estado de ánimo, una situación, pero en el momento no lo puedo abarcar. Las letras salieron de modo inconsciente, pero hay una negación de eso, está cantada así nomás, porque hay una brutalidad musical. Hoy hay una hegemonía de la voz, del discurso cantado y es una escuela en la que coinciden muchos.
–¿Y usted no coincide con esa escuela?
–Coincido bastante. Pero en este caso no me parecía importante, con que se entendieran las letras...
–Pero, recién hablaba de una negación.
–Sí, pero es una negación de hecho, física. Sucedió porque esta música la fui acunando de pendejo, en un underground, donde no se entiende nada lo que uno canta. Entonces, el underground termina siendo un soporte, una manera de escuchar la música. El lugar donde se escucha, ejecuta y es compartida la música hace mucho al timbre. No es lo mismo un cajón de hormigón de cien metros de largo que un boliche lleno de mesas y techo bajo. Quería crear esa confusión y sacar un poco del eje a las letras. Son importantísimas, pero es tan fuerte lo que sucede con el mensaje hablado, que el que no entiende va hacia atrás. A Spinetta nunca se lo entendió del todo, y hay que prestar atención. Cuando uno presta atención es porque no está todo servido. Después de escuchar a Manal, a La Pesada, aparece una textura que la industria desechó, pero para nosotros, los que andamos “cartoneando” en esto, nos sirvió para aprender y tomar cosas de allí.
–¿Qué no tiene Guerra y Todo de sus otros proyectos?
(Guarda silencio unos segundos) –Quizá tiene tolerancia. Hay muchas cosas que en el momento las podría haber hecho de otra manera, pero me la aguanté y las dejé así. Guerra y Todo es algo egoísta. Yo me hice cargo de este proyecto y las cosas se hicieron como yo quería, aceptando excelentes propuestas de mis compañeros. Ahí es donde se ejercita lo de la tolerancia, porque somos tres que a veces opinamos diferente. Sin embargo, acá tengo más responsabilidad. Con este proyecto me salgo con la mía, es algo más personal.
–Estaba buscando tener la última palabra.
–Siempre me sentí representado en todos los lugares donde trabajé, aun en esos proyectos donde participo componiendo música y letras. Esta es otra materia. Por ejemplo, en un grupo como Pequeña Orquesta Reincidentes, cuando una inquietud creativa me aparecía, y todavía era una idea amorfa, la tiraba al ruedo, y en el medio iba tomando su forma. Aquí con Guerra y Todo fue diferente, además porque parecemos un grupo comando, si tenemos un recital, ensayamos una vez y listo.
–Hizo referencia a Pequeña Orquesta Reincidentes, ¿ha seguido la trayectoria de cada uno de sus ex compañeros?
–Sí, claro. Esta es una gran familia. Acorazado Potemkin me gusta mucho. Tengo una debilidad con esa manera de componer, cantar y tocar la guitarra que tiene Juan Pablo (Fernández, cantante y guitarrista de Acorazado Potemkin). Además, sus compañeros son unos animales. Obviamente, guardo un entrañable recuerdo de lo que hicimos. Siempre festejé el trabajo musical de quien sea, pero el de mis ex compañeros lo celebro como si fuera mío. Parece una pedantería, pero siento algo muy tranquilizador cuando ellos hacen música. Cambiamos de forma, de manera de pensar, pero cuando te encontrás con un ex compañero que te ayuda, es muy emocionante. Puedo en mi cabeza cantar cada una de esas notas que tocaba en Reincidentes. Tenía un espíritu que era fuertísimo, tenía una cosa grupal muy poderosa y a su vez era retroalimentado por el público.
Guerra y Todo se presenta el miércoles 25 de enero, a las 22, en Le Bar (Tucumán 433). Entrada gratuita.

domingo, 15 de enero de 2012

Es un mostro grande y pisa fuerte

Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice


“Grandes éxitos” es el título del primer disco de La Cosa Mostra, un cuarteto integrado por la cantante Paula Maffía, la guitarrista Lucy Patané, el bajista Santiago Mazzanti y el baterista Pedro Bulgakov. No son sólo un cuarteto de rock tradicional, sino que también aparecen algunas variaciones en sus temas y en la formación de la banda. Es que para algunas presentaciones en vivo, el grupo llega a transformarse en una verdadera gran banda de salón. Florecen contrabajos, saxos, trompetas, pianos, mandolinas, banjos, una flauta traversa o poetas recitando algunos versos y chicas bailando o interpretando algún papel al son de la música en vivo.


Todo tiene que ver con la exploración que hace el grupo de la canción universal, eso que comúnmente se llama “world music”. Hay letras en inglés, en italiano, pero la mayoría son en español. Paula Maffía y Lucy Patané tienen un curriculum vitae sorprendente en el under de la Ciudad de Buenos Aires. Ambas participan de Las Taradas, una orquesta femenina que recupera el cancionero popular (bolero, swing) de los ´40 y ´50, con su sonido original y con una impronta divertida y entusiasta.  Lucy Patané también integra El Tronador, un colectivo musical y artístico que el año pasado también hizo su debut discográfico y, además, es la guitarrista de Diego Frenkel, acompañándolo en su nueva excursión como solista.

La escritora Pola Oloixarac, autora de la novela “Las teorías salvajes”, escribió un breve pero encendido texto que forma parte del decorado del álbum debut de La Cosa Mostra. Allí, en su recurrente modo de narrar, edifica una simpática y querible presentación del cuarteto: “Como Afrodita saliendo de la espuma, la voz hechicera de Paula Maffía viene de las profundidades de su Boca -¿pero de qué está hecha la negrura voraz del rock que la circunda? Maravilla monstruosa, la Mostra siempre es Cosa y garganta roja detrás de los idiomas hechos canción, y sin embargo resuena como de mil bocas: en su alud la veo comerse a dentelladas, cerbatanas de amor al hipotálamo”.

Por fechas y más información sobre La Cosa Mostra: www.lacosamostra.com.ar o www.lacosamostra.blogspot.com

La Cosa Mostra se presenta el viernes 20 de enero a las 21 en Casa Brandon (Luis María Drago 236).

sábado, 14 de enero de 2012

Canciones a un click de distancia


Nota publicada en el número 22 del periódico cultural BA Voice

Soldaditos es una banda de Arrecifes, ciudad ubicada en el norte de la provincia de Buenos Aires.  Tres de sus cinco integrantes se establecieron en la Capital Federal; pero van y vienen cada vez que deciden juntarse para ensayar o armar alguna fecha. Quizá el sonido del grupo tenga que ver con la ruta. No es casualidad que de Arrecifes hayan salido decenas de automovilistas reconocidos en todos los autódromos del país. Y hace ya ocho años que están metidos en el rock.

El grupo está conformado por  Leandro Gabilondo (voz), Diego Lacroze (guitarra), Luciano Testa (bajo), Patricio Hanley (batería) y Luciano Muñoz (teclados y armónica). Leandro, su cantante, le cuenta a BA Voice algo de Leimotiv, el disco que decidieron publicar en su página de Internet oficial para su descarga gratuita: “Decidimos hacer un disco corto para ir con todo. Lo que decidimos antes de meternos en el estudio fue poner todo lo que nosotros generamos en la banda y en la producción del disco. Somos un grupo independiente y no tenemos recursos. El disco lo produjo Gonzalo Gutiérrez, guitarrista de Sponsors y de Los Animalitos, y fue grabado en el Estudio Lavardén, el mismo que usan Los Auténticos Decadentes”.



-¿Cuáles son los planes de Soldaditos a corto plazo?
-Estamos por editar un DVD de un recital acústico que hicimos en un teatro. Y eso va  a salir en formato tangible y será para marzo o abril. Tiene dos canciones inéditas. En el DVD tratamos de no meternos en el trabajo de los demás. Hablamos con gente que sabe de arte y de filmación. Y nosotros nos encargamos de las canciones.

-¿Se han relacionado con la gran cantidad de bandas que llegaron del interior a la Ciudad de Buenos Aires para hacerse un lugar aquí?
-Por suerte hay un resurgimiento de las bandas del interior. Yo creo que una de las que posibilitó esto fue Cielo Razzo. Nos demostró que se podía sonar en Capital Federal. Como Karamelo Santo. Todas las bandas del interior nos dieron mucho, nos enseñaron, nos influenciaron a nivel voluntad. Ese tipo de bandas, como Superlasciva, nos influyeron. Hay un grupo que me gusta mucho que se llama Cubas, que son De Berazategui, y es otro de los grupos que me emocionan, como Eruca Sativa. Cuando sucede algo grande con un grupo del interior en Capital Federal me emociona mucho. 

Leimotiv se descarga gratuitamente desde www.soldaditosrock.com.ar 

jueves, 5 de enero de 2012

"De pibe jugaba de cuatro, pero en la música intento jugar de número diez"


Aquí la segunda y última parte de la entrevista con Miguel Zavaleta. "No lo sé, suerte, quizás", su último disco, se puede descargar gratuitamente desde su sitio oficial: www.miguelzavaleta.com.ar 
De chiquito siempre me interesó el tema de los ovnis. Pero hace unos años volví a conectarme con todo eso. Hace 15 ó 16 años que empecé seriamente. Hace nueve tenía un programa de radio en Pilar. Ahora tengo otro. Hablo de cosas pesadas ahí. Cuento reportes, informaciones e historias de contactos con humanoides. Historias extrañas. Yo no encaro el programa desde la pregunta “¿existen o no existen los extraterrestres?” No, yo estoy convencido totalmente: existen. Las naves que vemos, que se ven en videos caseros, ¿cuántas serán?, ¿serán humanas? Todos los astronautas lo dijeron: hay vida afuera del planeta tierra.
Yo tenía once años y vino un grupo con Fabio Zerpa, año 1966. Vinieron a hablar de ovnis a mi casa yo me volví loco. Me mostraron un par de fotos y nunca más me olvidé del tema. Después lo seguí de más grande. Y eso disparó en mí otras preocupaciones: a preguntarme por el futuro del planeta, de la humanidad e investigué mucho y terminé más preocupado que antes. Una cosa es ver una nave y otra verla en televisión. Hay mucho de eso que es falso. Pero cuando ya ves que hay 500 videos, decís: “esto no es joda”.
Mucha gente ve fantasmas.  No es un tema que yo aborde en las canciones. No quiero asustar a nadie. No quiero hacerme el extraño. Es un tema fascinante.

La música es un don. Toda la música que yo hago es música formal, para instrumentos de rock. En mi cabeza sólo hay ruidos de bocinas, de gritos de gol, de destapes de botella.  La música imaginada es rara. Escucho las canciones de este disco y me sorprenden. Me pregunto: ¿de dónde salio eso si en mi cabeza nunca estuvo? Y eso es hermoso. Ahora lo veo como un don. Antes lo veía como un don también, pero era una excusa para escalar socialmente. Y también para mi autoestima. La música era una herramienta, pero ahora dejó de serlo. Y solo pasó a ser un don y la alegría de poder hacer una música mejor. Yo no disfrutaba de esto como la disfruto hoy. Pensaba que no tenía cosas importantes para decir. Ahora no siento ningún compromiso pesado. He pasado a un anonimato mayor que el de antes, pero esto se debe a que quiero salir a tocar. Tocar mucho más que antes.
No grabé nada desde “ Suéter 5”. Bueno, grabé dos discos solistas pero están ineditos, uno producido por Pedro Aznar. Están ahí guardados. Y hay un disco de Suéter en vivo. Participé en otros, como invitado, pero esto es lo primero que sale en casi 16 años. Lo que siento por la música es mucho cariño. Siento que ella y yo somos muy buenos amigos. Antes, al no poder sacar temas de otros, no tocar tanto, la música era algo lejano para mí. Todos creían que manejaban de taquito la música y me ponían un piano en una reunión y no me acordaba de cómo era una canción. Me decían “tocá tal canción”. Y yo les decía: “no la sé”. Generalmente, los músicos que sacan discos, empezaron tocando algún instrumento y sacando temas de otros artistas, así se empieza normalmente. Yo no, yo nunca había sacado un tema de nadie. Ni “Let it be” podía sacar. Llego a grabar el último disco de Sueter no habiendo practicado nunca con un solo instrumento. Luego de ahí empiezo a sacar canciones, a estudiar, a dedicarle horas y horas al piano. Y el resultado es esto. Y estoy más que feliz.
Originalmente, “No lo sé, suerte, quizás”, iba a ser un disco de Suéter. Pero en la banda teníamos visiones diferentes, ideas de por dónde tenía que ir la banda. Nunca hubo problemas, sólo diferentes miradas.
Yo siempre fui muy futbolero, de pibe jugaba de cuatro, pero en la música intento jugar de número diez: tengo que componer, tocar. Nunca supe pisar una pelota, fui siempre un buen marcador, pero hasta ahí nomás. Pero en la música ocupo el lugar de los que tienen que pisar la pelota, pero sigo pensando como un número cuatro. Siempre pensé en equipos. Es difícil armar equipos en donde todos sean números diez. Para jugar hay que renunciar a ciertas cosas. Todos tenemos que explotar, pero también tienen que ceder en algunos puntos. Si no, llega un punto en el que te separás. Yo puedo bancarme a alguien en mi banda que no tenga una buena digitación, pero no me banco a alguien oscuro o que no sea leal o un chanta. Los músicos somos una tribu agradable. No sé si todos los músicos, pero hay de todo acá: hay locos, malas personas, pero la mayoría son buenas personas.
Tuve mucha suerte con Suéter. En esos momentos en que me siento mal, pienso en todo lo que me dio Suéter y eso me pone feliz. Haber estado rodeado de músicos excepcionales me dio la oportunidad de armarme a mí mismo como persona, lo que logré después socialmente. Me salió todo mal durante diez años y cuando pensé que el partido estaba perdido, comencé con Suéter a los 25 y lo gané. O no, porque acá no importa ganar o perder, pero sí sé que fue un partido excitante.


miércoles, 4 de enero de 2012

"El sistema se ríe de mí"


El año pasado fui al departamento de Miguel Zavaleta en el barrio del Abasto. Hablamos casi dos horas. Me contó de "No lo sé, suerte, quizás", su último disco. Rescaté algunas de sus frases, aprovechando que el viernes 13 tocará en Vuela el pez, a las 21, Av. Córdoba 4379, Palermo. Aquí va la primera parte. 

Lo que nace de mi alma es más setentoso. Pero ha cambiado tanto la música que lo mío parece música de Marte. De cualquier manera, me sorprende cómo quedaron mis canciones en mi último disco. No es para avergonzarse. La década de los ochenta fue maravillosa. A mí el pasado no me sirve de mucho, pero me alegra haber formado parte de un momento determinado en la historia del rock argentino. Era una época donde podías ir a ver, por fin de semana, 50 espectáculos de rock. Había 50 shows que valían la pena. No sé si en España pasaba algo así, en ningún lugar. Yo lo que sí sé es que ahora se busca otra cosa, algo distinto. El músico verdadero, a la hora de componer, debe olvidarse del público.
A la hora de componer, me imagino un gusto que no es el mío. Sé que el fantasma del público hay que eliminarlo de la cabeza. Porque terminás haciendo lo que no te gusta a vos.
Cuando un disco fue grabado entre los problemas, lo ponés y te acordás de todo eso. Me pasa cuando me acuerdo de la grabación de “Sueter 5”. Fue raro. Porque fue la época en que explotó el grunge, el trash, y ese disco era todo lo contrario. No estaba el horno para bollos. Y ahora no lo sé, pero lo estoy haciendo. A mí en España me ofrecieron cantar salsa. Algo loco.
Está claro que la nueva generación busca llamar la atención. Busca el shock, busca llamar la atención. Surgí como músico en una época que lo que buscaba no era hacer la mejor canción mas hermosa posible, sino la canción mas violenta de todas. Porque debo reconocer que todo va acorde con los tiempos. Igual yo sé que ahora no voy a hacer nada para llamar la atención. Además, estoy grande. Ya no tengo 20 años. El paradigma va cambiando. Y cambia de golpe. Según dicen los musicalizadores, no se pueden rescatar tres horas de música argentina, de los 90 para acá.
Confío mucho en este disco. Hay muchos artistas que se sostienen por lo que son, y no por lo que producen. Yo soy lo contrario. Tengo claro quién soy. Para mí que lo escuche una persona ya es un triunfo.
Todo empezó cuando me pregunté ¿qué es lo que me interesa de la música? A mí me interesa que conozcan mi música y tocar. Los empresarios están en esto para ganar plata. Ha cambiado tanto el mundo de la música… No es culpa de ellos. El mundo discográfico ha quebrado. Lo que yo quiero ahora es tocar, lo necesito, quiero que oigan mi música los que quieran escucharla. No necesito miles de personas enloquecidas por la música que hago. No. Sólo necesito que me dejen unos mensajes divinos en la página oficial, que se emocionen.
El sistema se ríe de mí y de todos. A muy poca gente le preocupa la belleza, pero no sé, yo no pido plata por mi disco. Porque sé que si hubiera puesto el disco a bajar por diez centavos, mucha gente no lo hubiera descargado. Pero ése, que lo baja porque es totalmente gratis, le gusta y puede ser posible que escuche lo que hice. O sea, la vida te va llevando a los lugares más insólitos que nunca te habías imaginado. Alguien lo va a bajar porque solo es gratis, y ese se lo va a pasar a otro. Y así va a sonar.  Me lo apunto como un éxito propio. Sé que esto lo hicieron varios, no soy revolucionario al poner este disco en Internet y gratis. Estoy tratando de adaptarme a una época. Adaptarme en la parte comercial, pero en la artística sigo haciendo el mismo trabajo que hacía antes.
Soy tronco y vago para escribir en la pagina Internet. A mí me gusta escribir, plasmar conceptos, editar. Antes había una chica que me escribía lo que le dictaba, pero la volví loca. Ahora lo hago yo, y estoy horas y horas para pensar una frase.
Sigo escuchando este disco y me sigue gustando. Lo oigo y lo oigo y me gusta. Eso no es joda. Yo en Sueter había grabado siempre, pero sin saber casi nada de piano y de ningún instrumento. Después de Sueter me puse a estudiar piano. Y me estaba perdiendo algo, me estaba perdiendo ser músico. En aquella época apenas sabía componer, pero ahora estoy a otro nivel, aunque el nivel no es importante. Pero adentro mío, para mi satisfacción, quería saber. Es algo fuerte escuchar algo tuyo y dudar de que eso lo hiciste vos mismo, es una sensación que tengo ahora, después de estar practicando y aprendiendo durante más de diez años.
Mi generación está acá, la otra mitad está afuera. Este país expulsó mucha gente. Gente que extrañamos, gente decisiva para algunas cosas.
Viví en el campo mucho tiempo y cambié mi casa por este quilombo, frente al shopping Abasto.